ESCRIPTURES EN EL LLIMB: “LOS MANUSCRITOS SECRETOS” (2)

Reprenem aquí el valuós estudi del professor Guillermo Coronilla al voltant de l’estranya hermenèutica derivada d’uns no menys estranya papers de finalitat volatil·lizada…

PARADIGMA Nº2

Anverso

Reverso

Este papel fue encontrado en 1986, debajo de un servilletero del bar Els Tres Tombs, enfrente del Mercat de Sant Antoni de Barcelona. Su carácter irresistiblemente hermético (realmente se ha conseguido escribir letras y números reconocibles pero indescifrables en su interrelación) ha requerido tiempo y esfuerzo como ningún otro paradigma de nuestro archivo. El único dato disponible sobre su presunto autor es que, al menos, el último en ocupar el asiento donde fue hallado el papel era un hombre cejijunto, con el suéter lleno de migas de pan y una mancha de nacimiento en la mejilla derecha.

Tenemos por una parte el anverso, con un texto en letra muy pequeña y en apariencia desordenada, o al menos esa es la primera impresión, si bien a medida que vamos acostumbrando la vista a la caligrafía, nos damos cuenta rápidamente que el texto está escrito sin perder la horizontalidad ni el espacio constituido entre líneas; es más, descubrimos que el texto está excepcionalmente encuadrado de acuerdo con las dimensiones del soporte (hasta el punto en que la línea nº 7 se sienta exactamente en el pliegue horizontal del papel, conformando su mitad exacta- 6 líneas +1+6-). La falta de espacio entre palabras no hace más que acrecentar esta sensación de simetría.
Pero ¿Por qué tenemos sin embargo la impresión de que el texto se nos resiste, que actúa en nuestra contra? Sin duda, por la caligrafía, angulosa y de ligaduras anormales como diría un grafólogo, y por supuesto, el hecho de no poder entender lo que allí se ha escrito. Según el profesor Ramón Sergas:
“Se conoce por ‘epicentro de desorden’ aquel factor de resistencia que, al no poder ser franqueado en una primera sucesión habitual de aproximaciones, se convierte así en un elemento de discordia entre ambos sujetos en jaque, emisor y receptor, influyendo negativamente en el resto de elementos constitutivos y enmarañando incluso el código interpretativo a respetar”. En efecto, el orden compositivo extremo en el que este texto ha sido configurado contrasta formidablemente con su ininteligibilidad.
Es incierto no obstante que todo el texto sea totalmente incomprensible, pues se podrá apreciar que en las líneas 1, 5/6 y 9 aparece el nombre “Jesus Jimenez Romero”.

Pero entremos en materia: al nombre, en dos ocasiones (líneas 1y 9) le sigue inmediatamente una palabra que podría leerse como “taldgokyakus(…)”.

Líneas 1,2 y 3

Línea 8

Asimismo, apreciamos otro modelo sucesivo, integrado por un grupo de letras, que podríamos transcribir como “mawashte(i)sok(u)(…)k¬(e)age”, al principio de las líneas 3 y 8, y al final de la 11, seguida por otro grupo de palabras que encontraremos ocupando dos líneas idénticas como son la 9 y la 13, que preceden al inicio del siguiente bucle “Jesus…” (Sin acentuar). Esto nos lleva a la certeza de que el discurso del texto es más breve y aparece aquí repetido, y con una linealidad remarcable, creando así una especie de cenefa, pues de este modo el autor ha conseguido encuadrar su discurso en este soporte hostil, repitiéndolo en tres bucles, hasta hacer coincidir el final del tercer bucle con el final del soporte. Extraordinario.

Es obligado plantearse la posibilidad de que el texto esté escrito en un idioma diferente al castellano. En ese caso deberíamos concentrarnos en idiomas escritos con grafía latina, sin acentuación y con gran profusión de “k” y “y”, tal y como apreciamos en el texto. Tras un detallado repaso, la conclusión a la que han llegado nuestros expertos es que lo más parecido podría ser el finlandés, si bien no es correcto que no se acentúe, pues abundan las diéresis. La evidente dificultad de transcribir adecuadamente el texto nos impide afirmarlo. Una lástima, pues… ¡Llegaríamos a traducirlo!

¿Y el reverso? ¡Qué se puede decir del reverso! Si la telaraña del anverso nos inmovilizaba con letras y palabras incomprensibles, ¿qué se puede hacer con este mar de números? Otra vez, el “epicentro de desorden” nos tiene tendida una trampa, fácilmente franqueable no obstante, pues curiosamente, el propio autor ha delimitado el espacio con rayas fronterizas entre números de naturaleza diversa. Si bien es cierto que en las zonas 1 y 2 reina el caos, también podemos constatar que en la zona 4 se ha trascrito tres líneas de sucesiones de números correlativos.

Igualmente podemos afirmar que los números de la zona 5 revelan cantidades, seguramente precios.

Salta a la vista, no obstante, la singularización de los números, pues a excepción de la zona 5, es difícil concretar si, al menos algunos, forman decimales o centesimales. Y a pesar del caos de la zona 1 y 2, se podrá apreciar como aquí y allá van surgiendo varios grupos del tipo 0-1-2-3-4, como los primeros de la zona 1, (nótese a modo de curiosidad, que incluso en la frontera entre las zonas 4 y 5, y en vertical descendente, nos encontramos con otra sucesión 1-2-3-4). Asimismo, advertimos un interesante motivo: en el margen superior derecha de la zona 2 y en el recuadro central nº 2, en forma de c invertida, nos encontramos con la misma cifra tachada, 315, y en la misma situación vertical ascendente.

Y hablando de tachaduras, ¿podrá apreciar nuestro lector cómo en el recuadro 3, la tachadura encubre palabras? Si la reproducción mediante escáner lo permite, el lector podrá distinguir una “l”, una “e”, y debajo una “g” entre otras tres letras. ¿Qué hacen unas letras en el reino de los números? A estas alturas resulta hasta impúdico.

¿Qué extraña circunstancia llevó a nuestro misterioso autor a escribir este inigualable trozo de papel? ¿Por qué esta distinción tajante entre palabras y números en ambos lados del soporte? ¿Acaso las series de números correlativos responden a otro motivo que no sea el mero recreo? La forma en que todos estos signos han sido escritos revela un pathos formidable. En efecto, nos encontramos con un texto de ineludible carácter celebrativo, un claro testimonio de regocijo escribano, como si cada parábola, raya o círculo hubiera sido ejecutado desde lo más profundo de su voluntad, en un acto esencial de afirmación cultural.

A decir de nuestro experto y amigo David Carabén:
“Aquest paradigma és la culminació del tipus de suport escrit que hom perpetra distretament mentre parla per telèfon, espera a algú en un bar o troba un moment d’esbarjo a la feina. On allà trobem una xerinola informe, ací se’ns revela una expressió ensinistrada. La seva excepcionalitat, però, fa palès el marc de soledat i desocupació total en la que l’autor probablement es troba, tot i sent aquesta la raó fonamental d’aquest prodigi d’anti-literatura positiva, o kinemàtica lingüística d’intermitència”.

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